16 ago. 2011

¡Ay, doctor, creo que ya valió madres el presidente!



Pregunta: ¿Cuáles son los contenidos en las series televisivas de hoy día? Ciencia ficción, realitys, fracasados no tan fracasados y sobretodo: series sobre temas policíacos y médicos.

Ahora, de los cinco temas que acabo de mencionar solo cuatro (bueno, en realidad tres) son entretenidos tanto en la ficción como en la realidad, y descartemos también a la ciencia ficción puesto que si hablamos de realidad ps ahí vale madre por la pequeña palabra denominada “ficción”, la misma palabra que tantas veces nos ha impedido estudiar Licenciaturas en Teletransportación Espacial, cortarnos el pelo como el Sr. Spock o cambiar nuestros nombres por: Mamerto, Astroboy de Dios o Microsof.

-Aquí dice que… ¿Te llamas Mamerto?



A lo que iba con el chiste de Mamerto y con lo de que hay ciertas cosas que vemos en la televisión que son igual o un poco menos entretenidas en la vida real, es que hay otras cosas que vemos un chingo y que no son tan entretenidas (por no decir que son asquerosamente más aburridas que observar la colección de carretes de estambre de tu abuela). Una de ellas es la medicina.


Aunque en Dr. House, Grey, E.R. y cuantas series sobre hospitales les vengan mente pueda parecer muy poca madre y les hagan decir “¡Ah, no mames! Se la pasan de pocamadre los doctores, escupen lejos y tienen viejas de a montones”. La realidad de los hospitales es, gracias a cabrones (as) que pasan casi una década de su vida enclaustrados en libros y practicas, mucho más seria; y dudo mucho que dejaran que los doctores estuvieran de cachondos en la bodega de las vacunas o que dejaran atender a un cirujano con problemas psicológicos más cabrones que los de sus propios pacientes y que se la pasa diciendo para todo: it’s not lupus!


Precisamente por eso es que Medicina es una de esas carreras en las que no cualquier tarado entra y en las que por antonomasia tienes que tardarte un chingo de tiempo estudiándola ¡Pa’ que no andes matando pendejos a diestra y siniestra! Y por eso mismo decidimos que Comunicación era una mamada e infiltramos a Slaughter en alguna escuela de Medicina, al cabo que un doctor moreno es visto con más confianza que un doctor latino.


Como ya sospecharan, este no es el punto al que quería llegar con el título y gracias a mi aberrante capacidad de hablar de cosas que no tienen nada que ver con el tema principal ustedes llevan de uno a cinco minutos (dependiendo que tan cachondo está el chat de la otra ventana) leyendo cosas sin sentido directo con el tema que originalmente quería abordar sobre los doctores y lo entretenido y un tanto macabro que es la profesión misma. Y el título de “¡Ay, doctor, creo que ya valió madres el presidente!” tiene que ver básicamente con lo siguiente:

Se dice que cuando un doctor (o cualquier cabrón que le toque estar en el peor momento en el peor lugar) se enfrenta a una situación tan importante y caótica como lo puede ser la inminente muerte de una figura del orden público como un presidente o un luchador de lucha libre, se enfrenta a una síndrome como: “cuando un doctor o cualquier otro pendejo se enfrenta a una situación caótica o muy cabrona como lo es la inminente muerte de una persona de importancia o un luchador de lucha libre”.

No crean que son inventos míos, ¡Qué gano yo con mentirles!

Y sobre algunos de esos casos en específico hablaré hoy:

-La muerte de Lincoln.



Hablando medianamente en serio, ya se las saben: John Wilkes Booth + Guerra de Secesión + Nuestro Amigo Americano + Abe + bala =

…o algo muy parecido, al menos.

No tiene mucho caso hablar de lo que pasó porque al final de cuentas lo que pasó fue que le dieron matarile a Abe (y a fin de cuentas ese es un trabajo para Wikipedia). Lo que importa hoy es ver que pedo con los doctores que atendieron a Lincoln.

Una vez que Abe estaba todo madreado en el piso dando vueltas como poseído (o como herido de bala) trajeron en chinga a unos estudiantes de medicina y doctores que estaban en el teatro echándose unos pinches hot dogs para que le dieran los primeros auxilios; los doctores procedieron a detener las hemorragias, sacar a los amarillistas del lugar y a preguntarse cómo diablos iban a sacar la bala si no tenían el….el artículo…de metal…para…sacarle la bala…a este cabrón.

Artículo de metal para sacarle la bala a un cabrón.

Sin el artefacto, con el hospital más cercano a una hora de viaje en carruaje jalado con caballos que solamente empeorarían la situación ¿Cuál fue la solución rápida para extraer la bala de la tatema de Abe?... El dedazo. Así es, algunos dicen que el nerviosismo de los doctores (que no eran pendejos cualquiera) ante la emergencia de salvar la vida al presidente hizo que optaran por meterle el dedo al cráneo y sacarle la bala de esa forma y efectivamente si sacaron la bala, pero (dicen los que apoyan esta teoría) que fue lo que en verdad le puso en la madre a Abe, quitándole no solo la vida (porque igual y hubiera quedado como una plantita que adornase la Casa Blanca)…

…sino que también le quitaron su futuro en la música.

-La muerte de Juárez.


[Queja: ¡¿Por qué se considera como blasfemia hacer una caricatura de Juárez, lo digo porque es un pedo encontrar una donde se le critique, al contrario de EU que si se mofa de Abe Lincoln?!]

En fin, como nadie (excepto el Dr. Emmet Brown) sabe que chingados pasó, a nosotros solo nos queda interpretar y estar de morbosos. Unos dicen que lo envenenaron pero vámonos con la versión más morbosa que es la de las complicaciones respiratorias, porque la otra es nomás que leyó un pinche libro envenenado y peló. Y no nos hagamos gueyes ¡Queremos sangre!

Al final de sus días, Benito Juárez se la pasaba echado en su cama de Palacio Nacional y solo se levantaba para ocuparse del gobierno y para aventarle su caca al transeúnte con la peor suerte del México decimonónico. Al final le la pasó cantando Oaxaca durante la noche y ya en su último día llamaron a los meros meros en la medicina de aquellos tiempos pa' que lo sacaran de un infarto que le había dado.


Y como en aquellos tiempos no había desfibrilador (ese si me lo sé, cabrones) lo que se hacía era dar un madrazo directo a los nervios para que la persona saliera del infarto; en el caso específico de Juárez la opción para sacarlo del infarto fue echarle agua hirviendo en el pecho.

Repito…agua hirviendo.

Y de que lo sacaron del infarto, lo sacaron…desafortunadamente fueron las quemaduras y el desmadre interno que se hizo por el madrazo del agua lo que hizo que a Juárez se lo cargara el payaso. Y ya; ahora solo pongo una foto un tanto curiosa del funeral de Juárez, que en su momento fue un “me la pelan todos” de parte del partido conservador al liberal pues se observa a Iturbide parado sobre el cadáver de Juárez (me sale el lado nerd, ustedes disculpen).

Tengo esta foto y la borrosa.

-La muerte de la Parkita.


¡Qué, pensaron que el nombre del libro era de a gratis o que pedo!

Desafortunadamente no había ningún doctor cogiendo en el motelucho donde mataron a La Parkita si no todavía estaría repartiendo madracitos en el Pancrasio; pero veamos el lado positivo del asunto, y ese es que la forma en la que La Parkita murió le valió su lugar en los anales del programa “1000 maneras de morir”, véanle.

Ese conocimiento fue el que dejó para la humanidad en general, porque para los habitantes de la Ciudad de México nos enseñó a mirar con ojos de desconfianza a nuestras abuelas:


Moraleja: Si se van a ir de putas y de alcoholes hasta perder la conciencia, de menos escojan una que valga la pena decir (desde el más allá, claro): ¡¡Esa puta me puso en la madre!!

Para cualquier comentario adicional, alabanza, standing ovation, propuesta indecorosa, queja, sugerencia, mentada de madre, amenaza de muerte, pacto de sangre (o para comprar el libro)... me encuentran aquí y aquí.

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1 comentario:

  1. Deberías registrar ese título y hacer una novela. Vale madre de qué se trate la novela, quiero ver ese título en la portada de un libro hahaha

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