2 may. 2012

La biografía no autorizada (y para nada inventada) de Cai Guo-Qiang



No tiene caso decir mi nombre verdadero, pues me caerían encima los federales, sé que soy conocido como Cai Guo-Quiang, pero la verdad es que mi identidad y por ende, mi historia de vida es otra, una que se consideraría: oscura…

…o explosiva, como el remanente de mapache estallado que tengo de fondo.

Comenzaré por decir que nací en un pueblo del altiplano mexicano de marcada tradición minera, en dónde, para demostrar tu afecto, tu hombría, para decir “presente” en la escuela y para declararle tu amor a tu culito preferido, tienes que hacer temblar el subsuelo con tu martillo, y no lo digo como una metáfora…

…pregúntenle a mi pareja en el baile de graduación.

Ya con la mayoría de edad, era hora de mostrar mi hombría ante la comunidad mediante un rito de iniciación que consiste en un acto de valor, audacia e inteligencia: amarrar cuetones a un mazo y hacerlos explotar contra el piso. Fue ahí cuando me propuse a mí mismo ser el mejor de lo mejor de los mejores, por lo que a diferencia de todos los afeminados que me rodeaban, entré a la escena de la pirotecnia con un acto no apto para maricas:


Mi fama en el pueblo se convirtió legendaria, por lo que tuve el derecho para hacer mí arco con la madera del árbol, elegir a mí propia serpiente voladora y a consumir los hongos que yo considerase necesarios para imaginarme un árbol en el pinche pueblo desértico en donde vivía y crear reptiles voladores con el poder de mi mente. Al poco tiempo mi fama permitió que me alzara con la mujer más hermosa de la comarca:


Esa linda jovencita que entre plática y plática me había dicho que ganó el concurso de belleza Miss Tiffany.


Con esposa, carro y fama, salí rumbo a los Estados Unidos con el objetivo de usar mi pasión por dinamitar cosas y al mismo tiempo recibir dinero por hacerlo. Desafortunadamente los ciudadanos norteamericanos no comprendían que yo no solo demolía cosas o explotaba viejos edificios, sino que hacía arte en el acto. Por lo que a menudo agregaba detalles que para el ojo inculto parecían como trágicos o catastróficos, pongo el ejemplo de cuando me despidieron de mi trabajo después de que añadí a la escena 500 niños de las escuelas cercanas y chispas de un transformador de luz previamente contemplado en mi análisis:


(Maldito Superman, no llegó al minuto 00:36)

Fue así como me quedé desempleado, pero bueno, ilusamente creía aún tener amor. Por lo que un día decidí visitar a mi esposa en el trabajo, lo cual sería el punto final para mi debacle, la idea era pasar por ella e ir a comer pistaches a Central Park (vivíamos en NY) pero durante 10 años de matrimonio nunca le pregunté el piso en donde trabajaba, por lo que cuando le caí de sorpresa con mi recién estrenada licencia de piloto aviador (la cual obtuve después de cursar un efectivo curso por correspondencia) todo se convirtió en un desastre (ahora que si me preguntan a mí, fue su culpa por no decirme en qué piso estaba)…

-Panquecitooo, ¿en qué piso del WTC me dijiste que estaba el estacionamiento?

Y así como así, súbitamente, perdí mi prestigio, mi trabajo, mi familia y mi casa (pues la había hipotecado para comprarme el avión). Afortunadamente estuve viviendo de la basura y destilando mí propia orina el tiempo suficiente para que, de la nada y cuando me creía perdido, aquel misericordioso y piromaniaco benefactor de los artistas como yo, apareciera, su nombre…Michael Bay.

Después de eso, y con Bay siendo mecenas de mi arte, todo ha sido muy fácil. Bueno, había un detalle por solucionar y era el hecho de que, debido a que yo era persona non grata en EU, tuve que hacer aquella dolorosa pero sin duda necesaria visita a esa clínica cubana…

…en donde, después de comprarme una peluca fosforescente de poca madre…

…modifiqué mediante terapia genética, una técnica nunca antes usada (mucho menos en películas de James Bond), para modificar mi apariencia y abandonar la tez  de mexicano meridional a chino genérico. Lo único malo de aquella operación fue que me ocasionó un estado constante de irritabilidad.

¡¡Enfermera de mierda, te dije que no quería granola en mi desayuno!!





Una vez recuperado de mi bipolaridad e irreconocible ya para los filtros del aeropuerto de Los Ángeles, y la CIA, presenté mis originalmente falsas identificaciones  y cambié mi nombre a Cai Guo-Qiang. 

Min padrino Michael me obsequió un pequeño departamento en la ya mencionada ciudad norteamericana y, una vez relacionado con el ghetto de la costa oeste, simplemente me presenté como artista contemporáneo ante el Museum of Contemporary Art (MOCA), por lo que, considerando la clase de basura que reina en el círculo mainstream de la creación artística actual, no me fue difícil ponerme a la cabeza de todo mediante un choro bastante bien elaborado de que mi obra representa el legado ancestral de China respecto a que somos los inventores de la confusión, de los palillos, de los fetos en almíbar, de las chinas poblanas, de la fayuca…ah, y de la pirotecnia. Y ya echándole ganitas agregué alguna mierda sobre el big-bang, que por alguna razón siempre suena bastante profundo aunque lo utilices para explicar que simplemente tenías ganas de incendiar la pared del museo, así fue como obtuve los permisos necesarios para crear lo siguiente:


Estaba en la cima (bueno, sigo estándolo), pero había algo que le faltaba a mis creaciones artísticas, algo que debido a su inocente y adorable temática, requería un permiso especial de las organizaciones en defensa de los animales: índole social.

Rodeado de la crema y nata del arte, e inspirado por mi sentido humanitario, por la bendita y preocupada por la civilización página Hazmeelchingadofabróncavor, y por el repulsivo artículo de un tal Ater Cacrena, creé una ONG en defensa de perritos callejeros, cerditos con malformaciones, elefantes, french poodles que ya no bailan, focas que ya no aplauden, camellos, dromedarios y tigres de Bengala víctimas de circo, a la que nombré: “ONG en defensa de perritos callejeros, cerditos con malformaciones, elefantes, french poodles que ya no bailan, focas que ya no aplauden, camellos, dromedarios y tigres de Béngala víctimas de circo”.

Mi primera acción con la recién creada organización fue rescatar a un hermoso tigre de bengala que se encontraba bajo el poder de un tiránico circo belga, quienes también decían tener la momia de un tal Fray Servando Teresa de Mier, no les hago el cuento largo. Después de un agotador concurso de escupitajos para reclamar los derechos de Larry, nombre del tigre, gané cuando el último de mis gargajos superó la barrera de los siete metros de recorrido. Así que volví a LA con mi nuevo amigo:


Pero después de noches y noches de prospero afecto entre hombre y tigre, Larry comenzó a sentirse extraño, a recuperar sus instintos animales, y un poco a perder la razón…se volvió malévolo: cagaba incesante por todos lados, me miraba con ojos de poseído mientras desayunaba mis cortes argentinos con vino tinto y, lo que se convirtió en la gota que derramó el vaso, masticó una de las pilas del control remoto, por lo que no solo me vi obligado a ir al super por otra, sino que tuve que deshacerme de Larry, pero simplemente no lo podía regalar a otra organización o a un zoológico, esos tipos están locos, por lo que decidí honrar su azarosa vida pasada y transformarlo en una obra de arte en sí mismo, solo necesitaba que se quedara muy quieto, un salón acondicionado para exhibir ante el público a mi compañero de aventuras, algo de iluminación…


…y trescientas flechas.

No todo era color de rosa, pues el padrino Bay me dijo que no me había financiado para nada y que el verdadero objetivo de su patrocinio era: “demostrar, el poder de la pirotecnia…¡¡sobre DIOS!!” De manera que, a marchas forzadas y con una idea que vine trabajando a contrarreloj, me hice de: azúcar, flores, muchos colores y un pequeño cargamento de sustancia X (es decir, bombas antiaéreas) y logré lo siguiente:



Como dije, me he mantenido en el escenario, pero eso me ha costado sacrificios y lágrimas como las que derramé por Larry. Esto del arte tiene sus pros y sus contras, los contras ya se han dejado ver con la tragedia de mi amigo felino, sin embargo, los pros son los que me mantienen en este negocio…


…eso y, artísticamente, suspender el auto de mi jefe en el aire…para después volarlo en mil pedazos.

Obviamente esta biografía nunca autorizada de Ca Guo Quiang fue uno de los pseudo-homenajes que con el tiempo he venido haciendo, para que nadie del FBI (o Greenpeace) invada la vivienda de este artista, quien, además de darle un poco de esperanza al Odraude que busca arte entre instalaciones y basura conceptual, me ha hecho volver a creer que con miles de kilos de pólvora, un detonador y tu imaginación puedes crear arte. Ahora que si alguien busca sangre...me encuentra aquí y aquí.

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